martes, 21 de febrero de 2012

Mínimo y simple




Hace tiempo que la ilustre poeta Mónica Nepote me invitó a participar dentro del consejo de redacción de la revista Tierra Adentro. En las reuniones de consejo platicamos, discutimos, nos divertimos. De esas lúcidas horas de charla con Elisa Corona, Luis Carlos Hurtado, Antonio Parra, Balam Rodrigo, Jezreel Salazar, Romeo Tello A., Natalia Toledo,  y la triada formada por Mónica Nepote, Rodrigo Castillo y Mauricio Salvador salió el último número, que tiene entre sus tres ejes temáticos uno dedicado al exceso de diseño que vivimos. Mínimo y simple se llama el ensayo que escribí. Está bien ilustrado con las composiciones de John Maeda, autor de The Laws of Simplicity.





En nuestra sociedad de consumo, durante los últimos cuarenta años, hemos llegado a aceptar que una gran variedad de productos necesarios e innecesarios estarán a nuestra disposición todo el tiempo. Esto ha llevado a la sobreproducción y la competencia que, a su vez, ha llevado a la virtual extinción y agotamiento de todo tipo de recursos. Si pudiera enseñarse a la gente que al reducir su consumo diario, se beneficiaría su salud y el término de vida de sus hijos y nietos incrementaría, los planificadores podrían comenzar un nuevo sistema de producción mundial.Una vez que la gente hubiera aceptado la idea de comer sencillamente y de comprar pocos productos innecesarios o ninguno, los productores y líderes de la industria podrían introducir una nueva estrategia de producción. Se basaría en el uso de menos materiales, materiales que pudieran reciclarse, y en hacer que los productos duren más.Al mismo tiempo, los líderes industriales crearían equipos de diseñadores, sociólogos, expertos en distribución y otros para planificar las formas más económicas de producción, comercialización y distribución. El diseño sólo puede jugar un rol importante si es parte de un plan económico total que esté dirigido hacia el ahorro de energía de todas las maneras posibles.

  
Peter Brattinga, El diseño en un mundo finito. El planeamiento de la producción futura, 1976

Después de leer este postulado de los años setenta sobre la sociedad de consumo y el papel del diseño en este juego de promociona-vende (ustedes los mercadólogos tienen el poder, les digo a mis alumnos de Mercadotecnia), se me ocurrió la idea de escribir una novela de ciencia ficción, una sociedad utópica. Lo malo (y lo bueno) es que ese no es mi oficio, así que dejo el primer párrafo de este ensayo por si llega un escritor aficionado a la ciencia ficción y le gusta la idea:

Imagine, lector, un mundo en el que los objetos son eternos. Su funcionamiento perfecto está sumado, en este mundo ideal, a una estética perdurable, de observación incansable. En este imaginario, los niños nunca corren peligro de muerte al usar artefactos como jarras de vidrio o estufas de gas: juegan a sus anchas, nada los detiene. Las señoritas son hermosas porque dejan fluir su belleza natural, jamás son intimidadas por los valores publicitarios porque esta práctica es innecesaria. Los hombres y las mujeres se concentran en la producción, la creación, el aprendizaje o la enseñanza. Como en todas las sociedades utópicas, las artes ocupan un lugar importante. Aquí no hay desperdicio del agua o contaminación: la naturaleza es respetada y al mismo tiempo se encuentra al servicio de la humanidad en correspondencia por el cuidado que ésta hace de sí misma. La electricidad, los insumos, el uso de los combustibles, es medido y controlado, por lo tanto inagotable. El lastre del desperdicio y la escasez está eliminado de nuestro pensamiento: existen menos preocupaciones. 
En este mundo ideal, la gente de cualquier clase social –no pretendemos eliminar las diferencias sociales- tiene acceso, de acuerdo a sus posibilidades económicas, a productos permanentes, funcionales. Los lujos barrocos del diseño exagerado, son sustituidos por una simplicidad sofisticada y preciosa. En este mundo minimal (es mínimo por que se rinde culto al no desperdicio) el cuerpo del ser humano tiene mayor importancia que el objeto. Este último queda sujeto a su cualidad servil. Por ejemplo, la ropa es diseñada para heredarse de madre a hija a través de cuatro o cinco generaciones; los automóviles también. Los muebles son reparados, jamás sustituidos. La gente consume la producción local y evita el transporte. Los héroes de nuestra sociedad, por supuesto, son los diseñadores y los productores, el conjunto de fabricantes. Aquellos visionarios, científicos de la forma, que desarrollan las cosas de uso cotidiano a través años de investigación y planeación, de pensamiento. 
Cada objeto lleva en su proceso de elaboración cúmulos de años de pensamiento ordenado, de planeación tecnológica, material y estética. Los gobiernos, conscientes de la importancia en el diseño, gastan la mayor parte del erario en la investigación para la producción de estos objetos. La fuerza de las naciones no corresponde a la abundancia de sus productos, al contrario: radica en la economía de sus gastos materiales, en el ahorro.

Lector: compre la revista. O mejor: venga a la presentación donde platicaremos con Alberto Chimal y Joaquín Rodríguez de escritura y tecnología, producción de cine en México y, como siempre, de diseño.

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4 comentarios:

nh shovro dijo...

thanking u for da sharing.....

home design ideas

Antevasin dijo...

Muy buena idea. Lastima que yo no sea escritora porque se me ocurren miles de cosas.
Me ha encantado el blog. Te sigo.

numero de Megacable dijo...

Muy interesante el blog
FElicitaciones!
Me encata como enmarca todos los libros y cada publi
GRacias y besos

expedia telefono dijo...

Muchas gracias por la publicacion!
Muy bueno el blog!!!
:)
besos!