sábado, 31 de enero de 2009

Así aprendieron a leer nuestros bisabuelos

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La semana pasada fui a visitar la librería de mi madre. Hace años, cada vez que me gustaba un libro, mis padres, emocionados, me lo regalaban. Qué tiempos aquellos. Al darse cuenta de que me gustaban los libros caros y raros, me limitaron los regalos. Desde entonces soy modesta en mis peticiones y cuando son caros, los compro. Junto a Barroco de Severo Sarduy y tres revistas literarias, traje este pequeño libro de lectura. Me encantan, tengo varios. Éstos, en inglés y viejos, caen la categoria de “Libros que apenas sirven” y se salvan de la basura así, apenas.

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Al llegar a casa busqué con desesperación uno que recordé del ilustrador y diseñador mexicano Manuel Manilla, precursor de José Guadalupe Posada; los dos libros son contemporáneos. Lo encontré ayer. El contraste me gusta, he de confesar que, aunque modesto, me gusta mucho más el de Manilla. Es de la época en la que mostrar un fumador a un niño era permitido, la linterna era de vidrio y funcionaba con la luz de una vela, el sombrero era de copa, el xicote era un insecto reconocible y el wagon se escribía con dobleú. La impresión, además, era estereotípica y era del autor.

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A pesar del número, que es la mitad de doce, no me gustan ni la primera ni la última palabra de la selección de palabras de seis letras. Tampoco me gusta que el borrego de Juan se haya comido tus libros.

miércoles, 14 de enero de 2009

Diálogo con los muertos

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A propósito de las últimas frases de mi nota anterior: La permanenencia del espíritu a pesar del cuerpo inerte, ¿no es eso un ex libris? Sergio Honey me mandó este texto que hoy comparto contigo. Él mismo, a propósito de libros, espíritus y diálogos con los muertos, me recomendó la edición facsimilar de La portentosa vida de la muerte de Fray Joaquín Bolaños con estudio, notas e introducción de Blanca López Mariscal (El Colegio de México, 1992. 1ª ed. Centro de estudios lingüísticos y literarios, Biblioteca Novohispana, II. Reproducción facsímil de 3 textos del manuscrito original, ilustraciones b/n. 407 págs. 4º). 

No conozco esta edición facsimilar, de la que Sergio me dice: "Las ilustraciones son reproducidas del original (no de buena calidad) y es una muerte curiosa: se enamora de un médico quien muere, entre muchas otras cosas". Estas imágenes fueron tomadas del libro original para la edición de La muerte en el impreso mexicano de Mercurio López Casillas (editorial RM, México, 2008). Sirvó como catálogo (y también como base de investigación) para la exposición La Muerte. El Espejo que no te Engaña que se exhibió durante noviembre y diciembre de 2008 en el Museo Nacional de Arte. Hasta aquí mis palabras.

Y vi amontonados féretros uno encima de otro. No eran cajas de pino, cedro, de finos acabados. Eran lomos, cubiertas suaves, duras... tumbas de la palabra escrita, anónimas no de autor, sino de dueño. Hasta que abrí uno y tenía en manuscrito "este libro pertenece a..." Otro decía "te lo dedico con todo cariño..." y no lo firmaba el autor. Uno más no tenía trazos de pluma, sólo una tarjeta de algún ingeniero que marcaba páginas inconclusas de lectura. Ya no eran cadáveres sin nombre, pasaron por algunas manos, fueron leídos, marcados con líneas gruesas, otros con asteriscos, transportados y luego... reposan silenciosos hasta que ojos ajenos recorran la celulosa que no dejará de ser árbol aún con su apariencia inherte para la imagen y palabra impresa...

Sergio Honey



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viernes, 9 de enero de 2009

Un navío y tres espíritus

Para Fo
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Nunik Sauret es una de las grabadoras que más admiro. Su obra reciente, resultado de su exploración de las técnicas japonesas de estampación, la puedes ver aquí. Decana del ex libris, hacía uno tras otro cuando en México pocos grabadores recordaban que pegar estampas en los libros era un buen pretexto para la expresión. 

Este ex libris, que me recordó Fernando Carabajal y su foto en facebook, lo conseguí de una manera extraña cerca de 2000 cuando compré una biblioteca grande por partes, propiedad de un hombre excéntrico en Las Lomas. Visité sus libros de poesía, literatura, arte y cacería en varias ocasiones comprando poco pero bueno cada vez. Discutíamos largamente sobre el precio que podía yo pagarle y algunas veces incluso salí molesta. Pero nos hicimos amigos. Uno de esos días me preguntó si quería ver su sala de trofeos. Yo imaginé esos monumentos dorados y pensé que este personaje era capaz de ser campeón de golf o de algún deporte similar. Y me la mostró: era una cuarto lleno de animales disecados que apenas pude distinguir, porque estuve a punto de desmayarme. Salí de inmediato con el estómago revuelto.

No me di cuenta hasta llegar a mi librería y revisar la última de las compras de que en varios libros de poesía estaba pegado este ex libris que yo ya conocía de Nunik Sauret: un hermoso ciervo alado. De él reproduzco lo que escribí en 1997 en el número 9 de la serie de Ex Libris Mexicanos que publicamos en La Galera.

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Existen ex libris que surgen de las aficiones de los poseedores. Tal es el caso del realizado para Arturo González, donde la navegación no es representada por un moderno yate sino por un antiguo galeón, una estampa al aguafurte y aguatinta impresa en azul. Los dedicados a Arturo Alvaradejo Urrutia, Andrés Caso y Carlos Sales son de un tema que en lo personal no le gusta a la artista: la cacería. Los tres propietarios querían que su pasión por la caza fuera representada en su ex libris. Para no utilizar la primera imagen que le venía a la mente, “una escopeta y tres patos colgados de la pared”, Nunik decidió retomar el tema de una manera distinta: “el unicornio representa al animal que es cazado por una doncella con armas como la inocencia y la pureza. Por otro lado está un ciervo con alas que representa la permanencia del espíritu a pesar del cuerpo inerte.
La permanenencia del espíritu a pesar del cuerpo inerte, ¿no es eso mismo un ex libris?

Sales

Caso

miércoles, 31 de diciembre de 2008

DOCE

Para los que, como yo, aman la ciudad, y para los que, como yo, no.
(Para todos, pues)


Vrbe
Super-poema bolchevique en 5 cantos
Manuel Maples Arce, xilografías de Jean Charlot
Editorial Andrés Botas, 1924
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Hubo un tiempo en el que los escritores y artistas mexcanos se contagiaron del desenfado de la vanguardia europea, especialmente al futurismo, dadaísmo y surrealismo (con suprematismo y constructivsmo colados) y un buen día, como explosión, nació la vanguardia mexicana: el Estridentismo. La diferencia de esta vanguardia a las europeas es que México no era precisamente un dechado de industria y tecnología. No había máquina que venerar, ni grandes urbes (te imaginas mi querida ciudad de México, en 1924?), mucho menos industrias y obreros acumulados exigiendo y demandando. Mucho menos cuando el General Heriberto Jara los recibe en Xalapa. Estridentópolis, como nombraron a la ciudad colonial, no podia ser una urbe como la de este super-poema. Los sonidos podían ser los cascos de los caballos y en vez de grandes rascacielos, la tradición golpeó los ojos de este grupo de vanguardia con pequeñas chozas de techos de teja. La Vanguardia del Nopal, nombró Carlos Córdova a la experiencia mexicana de punta, para referirse a ese visionario fotógrafo tan mal tratado por la historia, Agustín Jiménez, que tuvo la virtud de ver a ese México que se nos fué sin el filtro de los anteojos del querer ser, sino con la mirada del mismo ser. Lo que sí pudo ser es la idea de la Vrbe, la ciudad utópica. Aquí dejó Manuel Maples Arce dejó unas palabras sobre Jean Charlot. Y aquí está el retrato que Jean Charlot le hizo a Maples Arce.
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Mira las ilustraciones de cada canto de este pequeño libro de alto precio y 48 páginas: son tan potentes como bellas. Se alcanza a ver la veta de la madera que apenas resiste su naturaleza al capricho de la gubia. Es como si
Jean Charlot quisiera dejar el tronco entero salvo por unos cuantos navajazos. Disfruto de este libro desde hace muchos años, al principio me sorprendía la forma del bloque negro, que sin ser edificios, barco, mar, avión o puente, son formas geométricas que parecieran construidas con bloques. Las ideas emergen por las pequeñas y finas líneas blancas dentro de estas grandes formas. Y como si se revelaran a través de los años y ya de los siglos, su huella se imprimió en la página del texto. Esa huella me encanta. Sucede con casi todas las xilografías; son resultado de la constitución grasa de las tintas. 

Esta
Vrbe, que elegí como regalo número doce, no es mía. Se trata del regalo más sofisticado que le han hecho a mi hija mayor (y aquí lo venden, desde hace muchos años). Lo envidio desde entonces, y lo custodio, y ahora lo comparto con placer. Porque se trata de un libro fundacional en varios sentidos: el primer libro moderno ilustrado en México con xilografías, el primer libro de la vanguardia mexicana, el primer libro en agotar su tiraje (son muy pocos los que hay en el mundo), el primero en subir de precio en el mercado, el primero en venderse cuando aparece, el primero que envidio, el primero en mi librero, el primero de los doce.

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Y aquí es donde quería dejar una honda reflexión final sobre el futuro y el pasado editorial mexicano, sobre el querer ser y el no llegar a ser nunca, y sobre los deseos, etcetera, pero me quedo donde estoy y lejos de la Vrbe sólo te dejo mis deseos para doce meses llenos de libros y llenos de amor.

martes, 30 de diciembre de 2008

ONCE

Para los que aprecian el arte de la contemplación.

Pequeña obra
José Julio Rodríguez
Amigos del Café París
México, 1952


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Dice Heráclito que
todo se mueve y nada
permanence.

Esta Pequeña obra fue impresa, nuevamente, en la imprenta de la Editorial Cvltura, el día de todos los santos de 1952. No encontré nota alguna de José Julio Rodríguez en la red, por lo que decidí dejar completa esta semblanza biográfica de Antonio Castro Leal para ti.
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Las 24 xilografías, bellas miniestampas, están impresas en papel Aereo Extrafino (yo pensaba, antes de leer el colofón, que se trataba de una especie de papel japonés fino para impresión y me pregunto: ¿dónde quedó esta rica variedad de papeles mexicanos que se fabricaban en todas las calidades y para cada necesidad?). La mayor de ellas, la número doce, apenas mide 5 centímetros de alto. Cada una está protegida por passepartout de papel Cokier. El autor tuvo la delicadeza de numerar cada una y firmar cada ejemplar de los 300 de la tirada.

José Julio Rodríguez, alumno de Francisco Díaz de León en las Escuelas al Aire Libre y profesor después de la Escuela de Artes del Libro, es uno de esos casos en los que el alumno supera al maestro. Como grabador y tipógrafo sus obras son impecables. Me sorprende en estas miniestampas la calidad de la línea, la cantidad de matices que obtiene dentro del alto contraste, el movimiento y la sotura de sus líneas y la belleza de sus composiciones. La mayoría no pasa de los 3.5 cm de alguno de sus lados. Seleccioné sólo doce de los veinicuatro: desnudos, paisajes, vistas de pueblos y una mano tocando el piano. Me faltó, lo siento, agregar algún retrato para que notaras lo verdaderamente bueno que era José Julio Rodríguez. Si tan sólo viviera para hacerme un ex libris...

No me sorprende que haya elegido José Julio Rodríguez pensamientos de Walter Pater como introducción de su Pequeña obra de 12 x 8.5 cm, 24 grabados y 32 páginas, me encanta el comienzo: 
En el mundo interior del pensar y el sentir la corriente es más rápida, la llama más intensa y voraz. No es ya el movimiento de la ribera, en donde el agua corre bajo una aparente inmovilidad, sino en el curso violento en la mitad del río, que arrastra la acción momentánea de la vista, la pasion y el pensamiento.
Así que te invito a colocar el pensamiento en el movimiento de la ribera, donde la movilidad del agua es apenas perceptible, y en este estado, mirar cada una de estas doce miniestampas. Las inscripciones, el arte, los libros, los grabados no cambian en esencia, lo que sí cambia es la forma en la que los miramos. "Aprender a ver las formas viejas con ojos nuevos, en lugar de mirar, como hasta ahora, las formas nuevas con ojos viejos", dijo Jacobo Siruela, citando al gran Gustav Meyrink, cuando habló a El País de su proyecto editorial Atalanta. No dejes de leer el artículo completo, aunque ya lo hayas leído antes.

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lunes, 29 de diciembre de 2008

DIEZ

Para los aguerridos

Cuentos bárbaros
Dr. Atl
Libreros Mexicanos, 1930

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De todos los libros que te he regalado en estas páginas, tal vez éste sea el más raro. Lo es bibliográficamente: la edición es de tan solo 100 ejemplares, del editor Vargas Rea, pero es raro también en su factura y en su tema: Cuentos bárbaros. Se trata de seis narraciones sangrientas, de la pluma del Dr. Atl, ilustradas con capitulares xilográficas. Es un libro muy pequeño, de 14 x 10 cm, de cuidadoso diseño y buen papel; tiene una pleca de llamas.

Bárbaro el Dr. Atl, que que antes de ser agua se nombró Dr. Orange y antes de ser naranja fue Dr. Fox, espíritu inquieto y aguerrido, que lo mismo se dedicaba a decorar sus libros con feliz entusiasmo que a registrar a pocos metros la explosión del Paricutín. Me encantan sus paisajes, las vistas de la tierra que pareciera que tienen movimiento, sus carpetas de volcanes, divinas. Cada vez que las exponen voy a verlas sólo para disfrutarlas de nuevo. Y sus libros, suspiro. Cada uno de los más de cincuenta libros en los que participó como ilustrador o escritor, valen la pena. Sus pochoirs para los Cuentos de todos los colores I y II, Un hombre más allá del universo, El paisaje. Un ensayo, son espectaculares. Cada portada de cada ejemplar de la tirada está hecha a mano. A veces cuando regalaba ejemplares, tenía la delicadeza de pegarles una o dos fotos de él mismo.

Pero ahora no hablemos de esos hermosos pochoirs, sino de estos cuentos bárbaros, te dejo cada comienzo de estas historias sangrientas, sólo el comienzo para que me digas si se te antoja leer una de ellas completa.

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